sábado, 20 de enero de 2018

El cuerpo utópico - Michel Foucault


Apenas abro los ojos, ya no puedo escapar a ese lugar que Proust, dulcemente, ansiosamente, viene a ocupar una vez más en cada despertar1. No es que me clave en el lugar –porque después de todo puedo no sólo moverme y removerme, sino que puedo moverlo a él, removerlo, cambiarlo de lugar–, sino que hay un problema: no puedo desplazarme sin él; no puedo dejarlo allí donde está para irme yo a otra parte. Puedo ir hasta el fin del mundo, puedo esconderme, de mañana, bajo mis mantas, hacerme tan pequeño como pueda, puedo dejarme fundir al sol sobre la playa, pero siempre estará allí donde yo estoy. El está aquí, irreparablemente, nunca en otra parte. Mi cuerpo es lo contrario de una utopía, es lo que nunca está bajo otro cielo, es el lugar absoluto, el pequeño fragmento de espacio con el cual, en sentido estricto, yo me corporizo.

Mi cuerpo, topía despiadada. ¿Y si, por fortuna, yo viviera con él en una suerte de familiaridad gastada, como con una sombra, como con esas cosas de todos los días que finalmente he dejado de ver y que la vida pasó a segundo plano, como esas chimeneas, esos techos que se amontonan cada tarde ante mi ventana? Pero todas las mañanas, la misma herida; bajo mis ojos se dibuja la inevitable imagen que impone el espejo: cara delgada, hombros arqueados, mirada miope, ausencia de pelo, nada lindo, en verdad. Y es en esta fea cáscara de mi cabeza, en esta jaula que no me gusta, en la que tendré que mostrarme y pasearme; a través de esta celosía tendré que hablar, mirar, ser mirado; bajo esta piel tendré que reventar. Mi cuerpo es el lugar irremediable al que estoy condenado. Después de todo, creo que es contra él y como para borrarlo por lo que se hicieron nacer todas esas utopías. El prestigio de la utopía, la belleza, la maravilla de la utopía, ¿a qué se deben? La utopía es un lugar fuera de todos los lugares, pero es un lugar donde tendré un cuerpo sin cuerpo, un cuerpo que será bello, límpido, transparente, luminoso, veloz, colosal en su potencia, infinito en su duración, desligado, invisible, protegido, siempre transfigurado; y es bien posible que la utopía primera, aquella que es la más inextirpable en el corazón de los hombres, sea precisamente la utopía de un cuerpo incorpóreo. El país de las hadas, el país de los duendes, de los genios, de los magos, y bien, es el país donde los cuerpos se transportan tan rápido como la luz, es el país donde las heridas se curan con un bálsamo maravilloso en el tiempo de un rayo, es el país donde uno puede caer de una montaña y levantarse vivo, es el país donde se es visible cuando se quiere, invisible cuando se lo desea. Si hay un país mágico es realmente para que en él yo sea un príncipe encantado y todos los lindos lechuguinos se vuelvan peludos y feos como osos.

Pero hay también una utopía que está hecha para borrar los cuerpos. Esa utopía es el país de los muertos, son las grandes ciudades utópicas que nos dejó la civilización egipcia. Después de todo, las momias, ¿qué son? Es la utopía del cuerpo negado y transfigurado. La momia es el gran cuerpo utópico que persiste a través del tiempo. También existieron las máscaras de oro que la civilización micénica ponía sobre las caras de los reyes difuntos: utopía de sus cuerpos gloriosos, poderosos, solares, terror de los ejércitos. Existieron las pinturas y las esculturas de las tumbas; los yacientes, que desde la Edad Media prolongan en la inmovilidad una juventud que ya no tendrá fin. Existen ahora, en nuestros días, esos simples cubos de mármol, cuerpos geometrizados por la piedra, figuras regulares y blancas sobre el gran cuadro negro de los cementerios. Y en esa ciudad de utopía de los muertos, hete aquí que mi cuerpo se vuelve sólido como una cosa, eterno como un dios.

martes, 16 de enero de 2018

Entrevista sobre Historia de la utopías de Lewis Mumford

Mi utopía es la vida real

"Mumford... No se sabe muy bien lo que es... ¿Un historiador, un sociólogo, un filósofo, un urbanista...? Es todo eso y algo completamente distinto. Es un personaje fascinante". Audio de la entrevista emitida en Radio Euskadi el 3 de noviembre de 2013.

Utopie. La quête de la société idéale en Occident

patience...  

Ce que décrit Thomas More, c’est une société idéale réalisée par des moyens humains : les maux et les vices sont extirpés parce que “la meilleure forme de gouvernement” a été instituée ici-bas, c’est-à-dire en prenant la condition humaine telle qu’elle est. À la différence des rêves millénaristes et des promesses eschatologiques, ici nulle Providence divine n’est requise. À la différence des Âges d’or et des pays de cocagne, la nature n’a pas, en Utopie, cette générosité surnaturelle qui dispense les hommes de la peine.

viernes, 13 de enero de 2017

Voyage au centre du cerveau. L'ordinateur et le cerveau

Interface homme/machine Clinatec

Construire un ordinateur qui fonctionnerait comme un cerveau humain, ou commander des machines par la pensée, ce n'est plus de la science-fiction.

[ÉCOUTER L'ÉMISSION]

 

Philip K. Dick : "Nous sommes devenus des machines réflexes dépourvues de vie réelle"

Sommes-nous des Hommes-Machines ? - Les mardis des Bernardins from Collège des Bernardins on Vimeo.

Une soirée dans les mondes de Philip K. Dick. Mardi des Bernardins du 16 février 2016 au Collège des Bernardins.

Les Mondes de Philip K. Dick est une plongée dans la vie et les écrits d’un extraordinaire écrivain de science-fiction, dont l’œuvre a anticipé comme aucune autre le monde paranoïaque et technologique de notre XXIème siècle, et dont les visions sont une formidable matière adaptée par le cinéma hollywoodien, de Blade Runner à Minority Report. En lien avec la Chaire des Bernardins, L’humain au défi du numérique, ce documentaire interroge le rôle de l’homme dans une société sans cesse poussée dans ses derniers retranchements par un progrès technologique fulgurant. Cette incertitude ressentie face au réel, éternelle remise en question de la place de la machine dans les différents aspects de notre environnement, se retrouve illustrée dans des univers inquiétants où les frontières entre virtuel et réalité se dissipent. La projection du documentaire sera suivie d’un débat organisé en collaboration avec le cycle de rencontres Les Mardis des Bernardins sur le thème de la mécanisation des comportements humains.

INTERVENANTS
Milad Doueihi
Co-titulaire de la Chaire des Bernardins - Titulaire de la Chaire d’Humanisme numérique à l’université Paris IV (Sorbonne)
Catherine Dufour
auteure de science-fiction
Ariel Kyrou
Co-scénariste du documentaire Les Mondes de Philip K. Dick.
Pascal Picq
Paléoanthropologue, maître de conférences au Collège de France
Mardi des Bernardins animé par David Abiker

Maquinaria computacional e inteligencia - Alan Turing (1950)

Ciencia y Genios - cienciaes.com

El juego de la imitación.
 
Propongo examinar esta cuestión: ¿Pueden pensar las máquinas?. Deberíamos comenzar con definiciones de términos como ‘máquina’ y ‘pensar’. Estas definiciones podrían ser ajustadas de tal manera que fueran capaces de reflejar, en lo posible, el normal uso de estas palabras, pero esta actitud es peligrosa. (…)
Una nueva forma de enfocar el problema puede ser descrita en términos de un juego que llamamos el “juego de la imitación.” Se hace entre tres personas, un hombre (A), una mujer (B), y un interrogador © que puede ser de uno u otro sexo. El interrogador se encuentra en una sala distinta a la de los otros dos (y no puede verlos). Para el interrogador, el objetivo del juego consiste en averiguar cuál de los otros dos es el hombre y la mujer. Los identifica con las etiquetas X e Y , y al final del juego decide si “X es A e Y es B” o “X es B e Y es A.” Al interrogador se le permite hacer preguntas a A y B de esta manera:
C (interrogador): ¿Puede decirme X la longitud de su pelo?